Si en algún lugar hay
que ubicar a cantantes de la talla de Ian Parry, Jorn Lande,
o Andy B. Franch es en la escuela "Made In Ronnie James
Dio". Entonces, ¿por qué estos dos últimos
siempre han sido de mi agrado y al cantante de Elegy no lo
he tenido en demasiada estima?
No sabría nunca explicar el porqué. Sinceramente,
si haces el amor con dos mujeres diferentes, de calidad contrastada
ambas, ¿por qué con una de ellas te sientes
en el cielo y con la otra solo pasas un buen rato? Quizás
debe ser la esencia de cada uno de nosotros.
Por tanto, todos podréis adivinar que organicé
una fiesta de esas que pasan a la historia cuando me dijeron
que me tocaba detallar este disco.
Manos a la obra: cuchillo, hacha, ametralladora, diccionario
de improperios y vómitos líricos, ... Y, después
de la segunda escucha, vuelvo a dejar en su sitio los utensilios
de destrucción moral del trabajo de un músico
y voy a comprar una pluma de alas de cisne y tinta de plata
para componer estos entrañables versos con los que
detallo el orgasmo auditivo que sentí:
En todas y cada una de las canciones,
se observa un extraordinario trabajo,
hecho para el fluir de tus emociones.
Es una obra maestra para quitarse el sombrero,
porque si fuesen ellos simpáticas señoritas,
nos quitaríamos los atuendos del cuerpo entero.
(Nota mental): Tengo que dejar el alcohol.
Devi
|