Algún psicólogo interpretaría que nuestro
estado de ánimo o nuestras frustraciones son las causantes
de nuestro incesante goteo de atentados contra aquello no
apto cualitativamente o en este caso, de vulgar arrastre por
el mundo de la música, buscando contra-natura el reverdecer
de los viejos laureles.
Si fuese así, no quiero ni pensar que hubiese desglosado
como crítica, si me hubiese ocurrido lo mismo que a
un íntimo mío que, de vacaciones en Mallorca,
logró ligarse involuntariamente a un travesti, y no
lo descubrió hasta que se dio cuenta que, encima, el
individuo/a tenía unos 7 cms más de longitud
viril que él. Supongo que debido al nivel de alcohol
ingerido, fue incapaz de ver un mango de escoba en el lugar
donde debía estar la fuente de sus satisfacciones nocturnas,
pero
Sinceramente, si a alguno de nosotros nos ocurre algo de este
calibre, aquí habrían improperios de niveles
apocalípticos.
Pero estando sin ánimo para llegar a tal fin, imaginaros
que dicho psicólogo tenga razón y que aquí,
se haya una crítica desarrollada acto seguido de confundir
el cubo de fregar el suelo, con el bol de café con
leche matinal e, intuid el resto.
Xavier Ardèvol (Devi)
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