CRITICAS DE CDS

Dream Theater
Título Six Degrees of Inner Turbulence
Sello Elektra

Por fin ha salido el tan esperado último lanzamiento de lo que posiblemente sea el grupo de metal progresivo de más éxito del momento. Nótese que se trata de un doble, con lo que su precio es bastante elevado. En el primer disco encontramos cinco canciones, con duraciones en ningún caso inferiores a los 6 minutos y pico. ¡Bien! Eso es lo que los seguidores acérrimos de la banda queremos. Salvo la última, que parece una especie de vano intento por recuperar el ambiente de aquella balada intimista del Awake, "Space Dye Vest", algo así como el testamento de Kevin Moore, las otras cuatro canciones son muy buenas. No digo excelentes por la sencilla razón de que no aportan nada nuevo a la trayectoria del grupo. Es decir, podían haber sido compuestas en diferentes etapas de la banda y haberse incluido en los demás discos sin que se notara gran cosa. ¿Tendrá algo que ver que James LaBrie participe tan poco en la composición?

En cuanto al segundo disco, contiene el tema (de 42 minutos) que da título al disco. La canción se divide en 8 partes muy desiguales. La obertura parece más un cruce entre la Disney y el Señor de los Anillos que la música de un grupo de prog metal. Los teclados suenan muy "sintéticos", un fallo que por otra parte se repite a lo largo y ancho de este disco. Las tres siguientes son posiblemente lo mejor de este segundo CD, con cambios de ritmo muy "a la Dream" y toques impresionantes de todos los músicos.

Y a partir de la 5 hasta el final, el grupo se debate entre partes suaves demasiado "virginales" (en detrimento de la oscuridad de baladas más antiguas) y partes instrumentales algo repetitivas y demasiado pomposas, con muchos tufillos a grupos como Spock's Beard, que no vienen a cuento.

La colaboración continua de los miembros de Dream Theater en proyectos externos parece que, en vez de afectar positivamente a la banda en sus discos, proporcionando una base más rica sobre la que construir nuevas composiciones, ha agotado un poco sus ideas y provoca que se oigan de ellos otros estilos ya practicados por otras bandas.

En el apartado técnico, por otra parte, la producción a cargo de Portnoy y Petrucci deja bastante que desear. Parece que Mike Portnoy no está contento si no está en misa y tocando las campanas. Realiza mil actividades aparte de tocar la batería -por cierto, a ver si alguien le sugiere que deje los coros a otro- lo que afecta al resultado global de su trabajo. Por poner un ejemplo, a ver si alguien es capaz de seguir el bajo durante todo el disco. Hay partes en las que se han centrado tanto en la batería que parece que John Myung esté dándose un paseo por los jardines del estudio.

Fausto

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