El serial Dreamaker-Dark Moor
lleva un camino bastante paralelo al que en su momento ya
vivimos con Angra-Shaman. Una serie de diferencias entre los
componentes de la banda provocaron la marcha de algunos de
ellos y tal y como pasó con André Matos &
cia que crearon Shaman, la voz Elisa C. Martin, el guitarra
Albert Maroto y el batería Jorge Saez forman en esta
ocasión Dreamaker. No sabemos si con el piedra, papel,
tijera, o en un cuadrilátero, dialogando o simplemente
por casualidad, pero igual como pasó con Angra-Shaman,
unos se han quedado con el nombre y los otros con el sonido.
En este primer álbum de Dreamaker, la banda de Elisa
se desenvuelve bastante bien, pero eso sí, sin ningún
tipo de sorpresa. Tenemos un buen trabajo, pero del nivel
de cualquier otro que estos mismos personajes pudieron haber
grabado con su antigua banda. Quizá esta vez hay más
contundencia, más velocidad y algún detalle
progresivo dentro del intento de neoclásico (intento
no fructífero), pero aún así no dejamos
de alcanzar una monotonía, tanto vocal como musical,
que acaba convirtiendo el disco en algo un poco pesado y cansino.
El disco no está nada mal, pero sinceramente esperaba
algo más de esta nueva formación, ya que llega
un punto que después de tantos años en la escena
musical se espera un giro, un cambio de rumbo, una evolución
o sencillamente un algo que te haga comprender el sentido
de esa banda de nueva creación, y por el momento este
no es el caso.
Sergi
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