El tren esperaba en el andén. Los familiares y amigos se despedían con muchos besos y fuertes
abrazos de los viajeros, de toda aquella gente que estaba a punto de iniciar un largo y sorpresivo viaje hasta un
destino aún incierto.
El bar de la estación estaba delante del andén. Los miembros de Evocation hacían unas cervezas mientras contemplaban
las escenas de despedida.
Los pasajeros empezaron a subir al tren y a situarse en sus respectivos asientos. Los amigos y familiares se resistían
a marchar y continuaban despidiéndose de sus seres queridos buscándolos con la mirada a través de los cristales de los
vagones.
Los miembros de Evocation continuaban contemplando la escena. El batería decidió invitar a otra ronda. El tren les
esperaría.
El maquinista hizo sonar la aguda y estridente campana del tren para realizar el último aviso a todos los pasajeros que
aun no hubieran subido a los vagones, mientras la locomotora empezaba a desprender una densa e impenetrable nube de vapor.
El cantante de Evocation decidió invitar a otra ronda, su estatus de pasajeros ilustres les garantizaba que el tren no
marcharía sin ellos.
El maquinista, empezó a alimentar las entrañas de la locomotora con paladas y más paladas de negro carbón. Después de
una arrancada brusca y con cierta desgana, los vagones empezaron a moverse. Los familiares se negaban a marchar del
andén y aprovechando la inicial lentitud de la máquina, iban siguiendo los vagones de los respectivos seres queridos.
El bajista de Evocation invitó a otra ronda.
Ahora el tren sólo era una lejana nube blanca en el horizonte. Aun quedaban algunas personas contemplando la escena
des de el final del andén con los ojos humedecidos en lágrimas.
El guitarrista de Evocation invitó a otra ronda. Aun tenían tiempo.
Ivan Cateura
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