Aún no
comprendemos qué hacían Grave Digger de
gira como teloneros este año pasado
presentando el Knights of the Cross,
cierto es que a la cabeza de cartel
estaba Rage, pero un grupo con la
trayectoria de Grave Digger y con esta
segunda etapa del grupo, vista ahora
completada con el cierre de la trilogía
de Tunes of War, Knights of the Cross y
este Excalibur, pues no sé, algo más
merece que ir como teloneros por la vida.
Normalmente
cuando decimos que un grupo madura suele
ser sinónimo que suaviza su sonido, se
vuelven más técnicos y menos ruidosos.
Éste no es el caso de Grave Digger, ya
demostraron con los dos anteriores
álbumes que componen esta trilogía que
podían hacer temas lentillos, que
podían combinar en un mismo tema partes
rápidas y potentes y partes acústicas y
tranquilillas. Teniendo esto ya hecho,
nadie les va a decir que no saben
hacerlo, ahora se pueden dedicar a meter
temas cañeros y sin concesiones.
Cierto es que
seguimos teniendo algo parecido a una
balada (Emmerald Eyes), pero sólo en el
apartado musical, puesto que esa voz rota
y grave evita que cualquier parecido a
una baladita típica y tranquila sea cosa
de ciencia ficción (podríamos hacer
chistes malos sobre la relación entre la
voz grave de Chris Boltendahl y el nombre
del grupo). La cosa ha cambiado bastante
cuando nos referimos a este aspecto de la
voz, en los anteriores trabajos te
podías encontrar que, de repente,
entraban instrumentos acústicos y Chris
cantando de forma melódica. Ahora esta
voz corre a cargo de Vince Sorg, y los
coros a cargo de gente nada conocida en
este mundillo, tales como Piet Sielck,
Hansi Kürsch, Hacky Hackmann y el propio
Chris, cómo nos podemos suponer, estas
voces no dan como resultado unos coros
agudos y melódicos, sino unos coros
rasgados y graves como si salieran del
mismo infierno. No hubiera estado de más
que Frederica de Boni hubiera devuelto la
colaboración que Chris hizo en su álbum
con los White Skull.
Batería a
doscientos por hora y guitarras siguiendo
el ritmo, junto a la voz única de Chris
y esos coros omnipresentes identifican
más que nunca el sonido de Grave Digger,
ofreciendo un sonido mucho más épico
que en los anteriores trabajos, con unas
letras, como siempre, curradas al
máximo, aunque esta vez no se refieran a
hechos históricos sobre los que poder
montar nuevas teorías, sino que se basan
en la leyenda, pero con una descripción
tal de los personajes de la Tabla Redonda
que parecen haber existido realmente en
la historia europea. Personajes que van
siendo descritos uno a uno, tales como
los padres de Arturo (Pendragon), el
propio Arturo (Excalibur y básicamente
en todos los temas), Morgana Le Fay,
Merlín, Tristan, Lancelot, Ginebra
(Emerald Eyes) o Parsifal (ésta sólo en
las ediciones digipack como bonus track).
Encontramos
que el título de este trabajo debería
referirse también al propio Rey Arturo,
pues todos los temas giran en torno a él
(cómo no), a su vida y a sus relaciones
con los demás, cierto es que como ya se
nos muestra en la portada (de nuevo obra
de Mayer), Excalibur es símbolo y fuente
de poder, tal como lo es este sonido de
Grave Digger y como también es un tema
central de las letras.
Curiosidad, si contamos los miembros
del grupo, nos salen cinco, si contamos
los personajes que aparecen en la foto de
detrás (si nos recuperamos del susto de
tener a Chris en primer plano en esta
foto) también contamos a cinco, pero...
hay uno que no se debe encontrar
demasiado bien y está algo pálido y se
ha quedado literalmente en los huesos.
Aunque el teclista Hans Katzenburg salga
en los créditos como miembro del grupo,
sospechamos que aún no lo consideran
como tal. Lluís Batlle
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