El señor Mika Grönholm publica un disco de metal progresivo, en teoría bajo
influencias de la música tradicional india, del flamenco español, y de otras
cosillas como el jazz… a ver, yo también puedo hacer un disco bajo influencias del
alcohol, que no me resultaría demasiado difícil, pero no por eso debería resultar
un disco de metal alcohólico, como mucho será un disco malo (cosa que sin las
influencias del alcohol, también lo sería).
Es un cd que empieza con cierta intensidad e imaginación, con dos primeros tracks bastante fluidos
e interesantes, pero a partir de ahí, la intensidad se pierde, el metal progresivo pasa a ser sumamente
pesado y costoso de digerir, con excesivos pasajes de experimentación musical sin un claro referente
ni una línea demasiado concreta a seguir, es decir, se dedica a hacer lo que le da la santísima gana
y como le viene en ganas.
Me ha sido imposible escuchar el disco de un tirón por pesadez, algo como el metal progresivo que
debería mantenerte atento, llamándote la atención por detalles, cambios, etc… provoca lo contrario:
pesadez e incluso somnolencia.
Estoy de acuerdo que ciertos músicos pueden considerarse genios e intentar crear cosas personales e
insólitas, pero también hay que considerar que no siempre tiene la perspectiva suficiente para
conseguir que sus ideas queden perfectamente reflejadas en la música, ni que ello pueda ser del
agrado de alguien más que no sea el susodicho músico. Para eso están los productores, a quienes
se paga para que te digan lo que habría que cambiar de tu música para que no sólo le guste a él.
Lluís
|