Escribo esta crítica al abrigo de las cuatro paredes
acolchadas que me acogen desde que se me ocurrió escuchar
el último disco de The Haunted. Era un día soleado,
luminoso... y de repente, tras oír las primeras notas
del disco, todo se volvió oscuro. Parecía que
los ruidos que salían de mis altavoces hubieran despertado
a los Dioses primigenios del metal... Aquellos que inspiraron
a Slayer en la gestación de su "Reign in Blood"
o a Sepultura cuando se les ocurrió crear su "Beneath...".
De pronto me miré al espejo y mis sienes se habían
plateado, mi cara parecía más arrugada, pero
no por la edad, sino por la sonrisa diabólica que no
podía contener. Según transcurrían los
minutos, la tentación de subir el volumen se hacía
cada vez más irrefrenable. ¿Qué podían
ser esos ruidos distorsionados? ¿Guitarras? ¿Y
ese sonido cavernoso, violento, y muy, pero que muy cabreado?
Debía ser la voz del cantante... ¿Y esos golpes,
atronadores y pegados a velocidad de vértigo? ¿Sería
aquello la sección rítmica? ¿O eran los
vecinos aterrorizados que bajaban las escaleras de dos en
dos para huir de tamaña salvajada? Sólo sé
que al cabo de unos minutos las puertas de casa se desplomaron
y unos seres vestidos de blanco me cogieron y me introdujeron
en un vehículo aullador con muchas luces...
Ahora sólo puedo repetir en mi cabeza: ¡Qué
barbaridad! ¡Qué bestialidad! ¡Qué
brutalidad! ¡Qué bueno! ¡Quiero más!
¡Dejadme saliiiiir!
Nota del equipo médico: pedimos encarecidamente a las
seguidoras incondicionales del paranoiashow que se acerquen
por el hospital a ver si pueden hacer algo por este pobre
desgraciado...
Fausto
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