La banda famosa por ser dónde empezó ese tío feo al que conocemos
por Lemmy celebra su tercera década editando discos, y lo hace con un
nuevo trabajo.
Y tras 30 años sacando discos, mantienen la psicodelia, tanto en la concepción de los
temas, como en los sonidos sacados de ese primer artilugio que hacía sonidos en plan
espacial, y que Hawkwind todavía conservan en perfecto estado.
Eso los convierte en alguien que ha evolucionado incluso menos que AC/DC, si fuera un
juego de las consolas de última generación, les habría salido el icono de un logro
destacable, pero no lo es, es música, y quizás sí que en los 70 los de más edad pudieron liarse
con el LSD, luego en los 80 el resto hicimos los pinitos con todo tipo de drogas, y así han ido pasando
las generaciones. Lo que no pueden esperar Hawkwind es que los jovenzuelos de ahora se tomen sus
pastillacas y se metan a escuchar un disco paranoico-psicodélico setentero, porque ni con esas
drogas lo van a pillar, y el resto de nosotros tenemos una vida ya como para volver a triparnos a ver
si pillamos un poco el concepto del disco.
Y es que Hawkwind todavía no han comprendido que la música que sobrevivió a los 70 no
es la psicodélica, fue la disco, quizás porque sus vidas les han permitido mantener el bajo nivel
de sangre en las drogas que corren por sus venas, quizás se dieron un golpe en la cabeza y no son
capaces de aceptar o recordar el presente, y viven en el pasado. Sea como sea, este nuevo disco, como
todos los otros de la banda, sólo se entiende en un contexto de fiesta setentera donde esa psicodelia
musical te acompañe en el viaje de los sentidos provocado por lo que te has tomado, sabiéndolo o no. Y
por si vosotros también os disteis un golpe en la cabeza, ya no estamos en los 70, y las drogas de ahora
no combinan con esta música, si no os lo creéis, podéis probarlo, pero tened a mano un cd de Turmion Kätilöt
cuando esas drogas os hagan efecto y este "Blood of the Earth" os joda el rollo.
Lluís
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