Aunque no sea muy partidario
de hacer esto, la crítica de este disco va a ser básicamente
en toda su esencia una comparación con otro disco.
¿Por qué? Porque me da la gana, básicamente
y en toda su esencia (me ha gustado como había quedado
en la línea de arriba). Quien conozca a esta banda
(o mejor dicho, quien se acuerde de esta banda) seguramente
lo entenderá mejor.
Con tres discos a sus espaldas, y después de más
de una década de silencio discográfico, House
of Lords han decidido volver, pero no de cualquier manera,
sino recuperando la formación original, la de su álbum
homónimo con el que debutaron. James Christian, Lanny
Cordola, Chuck Wright y Ken Mary, todos excepto quien fuera
teclista, Gregg Giuffria, que es sustituido por Derek Sherinian,
Allan Okuye, Sven Martin y Ricky Philips (a ver quien dice
que es difícil encontrar un teclista).
Procedamos pues a comparar: ¿Qué ha cambiado
en esta década? La edad, las ideas, la evolución
de la música en general, la variedad de cervezas, las
mujeres, las posturas del Kama Sutra... muchas cosas han cambiado,
es evidente. Y en cuanto a su álbum de debut y este
nuevo trabajo se reflejan esos cambios (incluso los referentes
al Kama Sutra). Hay menos fuerza, menos agresividad y menos
melodía instrumental, ya que prácticamente todas
las canciones se basan en la melodía vocal de James
Christian. Las canciones tienen su gancho, pero son menos
rockanroleras, más pensadas en un retorno poco arriesgado
y conservador, que consigue sus frutos, pero que no va más
allá de dejarnos un disco más de Hard Rock Melódico
que, aunque esté más que decente, tampoco pasará
demasiado a la historia.
Sergi
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