Cuatro años han pasado desde su segundo trabajo, casi los mismos que dejaron pasar entre ese y su debut discográfico
como Iron Mask. La verdad es que les ha ido bien, muy bien para lo que apuntaban con su primer disco.
De un primer cd de power metal bastante pasable, pasamos a un segundo disco donde aparecía un toque neoclásico, y las
colaboraciones de Oliver Hartmann y Richard Andersson que le aportaban calidad y seriedad.
Aquí ya no tenemos a Andersson, pero Oliver Hartmann sigue colaborando en este proyecto, y aunque lo hace de forma ejemplar, esta
vez no lo consideraremos como lo mejor del disco.
Esos años entre disco y disco han servido a esta gente para remendar errores y buscar la dirección correcta, cosa que la mayoría
de bandas o no saben hacerlo o su orgullo se lo impide. Iron Mask dejan en el pasado lo más power de su música, y se centran en un metal
melódico bastante elegante (a parte de algún temilla más épico como “Forever in the Dark” que contrasta con el resto del disco), sazonándolo por igual
tanto con tintes neoclásicos como progresivos.
Buena nota para una banda que ha pasado de componer power facilón a una música elegante y bastante trabajada.
Lluís
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