El temido efecto 2000 de hace ya una década quizás no se cargó todos los aparatos
informáticos y electrónicos, pero sí que ese año marcó un antes y un después en diversos
aspectos de nuestras vidas: La industria audiovisual norteamericana pasó de grandes
producciones cinematográficas a meter la pasta y los guionistas en las series de TV y
pasar de las pelis. En Europa nos jodieron la economía con el euro. En Asia se abren al
capitalismo y a hurtadillas está pasando a ser la primera potencia económica. Y en
Sudamérica, como ya estaba todo jodido, lo único que pudo ir a peor fue el metal.
El último gran disco de metal argento que recuerdo es el primero de Renacer, con aquella
batalla épica a las voces entre Barilari y Bertoncelli. Después de eso, una falta total de ideas por parte de las
bandas, pseudo-intentos vergonzosos de conseguir algo parecido a una ópera de rock o metal, imitaciones
patéticas de Nightwish, y bandas como Rata Blanca que pasan de ser una referencia nacional a un chiste de
sí mismos, quizás por influencia del spanish cutre-metal (para que puedan seguir echándonos la culpa de todo),
pero muchas banndas dejan de lado la dignidad y la clase.
Jason que siempre se había mantenido en un segundo término, ahora se erigen como referencia en su tierra, no por
méritos propios, sino por enormes deméritos de la mayoría de los otros.
No es un gran disco, es un hard-heavy melódico bastante típico, algún track como “El Templo de su Boca” intenta
aparentar algo más progresivo, pero no lo consigue. Lo que pasa es que no duele a los oídos, ni resulta
vergonzoso de escuchar, está muy visto, pero mantienen algo de dignidad y orgullo, y parece ser de las únicas
bandas argentas que se mantienen mínimamente en pie.
Lluís
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