Para
los que no estéis muy puestos en el
tema, Kenziner es un curioso grupo
formado por dos norteamericanos, Brian
Harris (batería) y Stephen Fredrick
(voz) y dos finlandeses, Mikko Harkin
(teclados) y el maestro de la guitarra
cuyos padres bautizaron como Jarno
Keskinen, aunque quizás él hubiera
preferido llamarse Pepe Kenziner. Pues
bien, éste último reclutó a los otros
aquellos de antes que ya he dicho para
hacer un primer disco Timescape,
que aunque recibió unas críticas de la
hóstia por una calidad que no se puede
escapar a los cinco sentidos (¿o eran
seis?, yo que sé, preguntadle a Bruce
Willis) no tuvo mucha repercusión entre
la gran masa del Metal. Y he aquí el
segundo capítulo de este extraño
proyecto, The Prophecies, en
el que aquellos tres de antes amiguetes
del guitar hero toman un poco
más de cuerpo sin limitarse
exclusivamente a ser marionetas del de
las seis cuerdas, participando una pizca
en la composición de los temas, diez en
total.
Bastante
barroquismo es lo que se puede encontrar
en este disco, que además es un poco
más rápido que su predecesor. Pero,
¿qué ocurre si los mezclas los dos?,
pues que el resultado, además de ser
explosivo, se parece a Yngwie Malmsteen,
por mucho que el amigo Keskinen lo
intente disimular a base de la
utilización de diferentes escalas. Mucho
debe haber bebido este virtuoso de los
clásicos más clásicos de entre los
clásicos de la música clásica, que por
algo se le llama clásica, digo yo.
Me gustaría
resaltar, además de la genialidad de
cada uno de los músicos con sus
respectivos instrumentos (musicales, los
otros no lo sé, ni ganas), la increíble
voz de Mr. Fredrick (es que como es
americano se les dice Mr.,
¿sabes?), que ha pasado de tener un
registro bastante convencional a
convertirse en un prodigio, no por su
especial llegada en los altos o los
agudos, sino por su versatilidad a la
hora de expresarse. Sabe expresar con
vasta amplitud de matices todos y cada
uno de los sentimientos que reflejan las
letras de The Prophecies, que
se han volcado más en la vida real y no
tanto en la fantasía de los cuentecillos
conceptuales como ocurrió con Timescape. Ivan Sàez
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