Hace tiempo leí un relato corto
del sr. Stephen King titulado "Mi pequeño Pony",
muy alejado de su estilo habitual. El relato, escrito en carácter
nostálgico, no sería más que un texto
narrado en una magnífica prosa que fácilmente
llega a tocar tus sentimientos, si no fuese que el argumento
del relato me ha venido en mente cuando he escuchado este
disco. No es que tenga nada que ver el disco de debut en solitario
del guitarrista de la banda del ex-Maiden Paul Dianno, que,
por cierto, solo cuenta con el interés de la colaboración
del mítico Glenn Hugues en alguna canción, con
dicha historia. Pero el argumento de dicho relato, extrapolado
al mundo de la música, podría definirse como
similar. El argumento explica como un abuelo le describe a
su nieto su concepción o ideas sobre el factor tiempo.
Narra como, a su parecer, las diferentes edades marcan nuestro
sentir del paso del tiempo. En la infancia el tiempo no es
algo que nos importe, pasa despacio. En la adolescencia, el
factor tiempo ya parece como acortarse. Mientras en la vejez,
el tiempo no se cuenta por segundos sino por minutos debido
a la rapidez con la que pasa. Asociando los términos
edades con discos, podríamos hacer la misma comparación
con la calidad o el mero hecho de si te gustan o no. Por desgracia
o suerte, tenemos la obligación de escucharnos los
discos en profundidad, y si te gustan, parece que solo hace
cinco minutos que les has dado al "play" cuando
ya se ha acabado. Otras veces, va pasando el tiempo, de vez
en cuando lentamente otras veces más rápido,
cuando se trata de un disco que combina momentos sólidos
con otros decepcionantes. En este caso, el tiempo nunca parece
acabar, cuando tengo que escucharme "No Strings Attached"
y me doy cuenta que no es un disco que valga la pena, por
repetitivo, falto de ideas, por ser instrumental en el 60
% de su totalidad y acabas dudando de su capacidad para poder
hacer un disco de estas características y porque las
canciones cantadas, por desgracia, aun empobrecen más
el resultado final.
Devi
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