Aquí tenemos de vuelta a Lita Ford, quien seguramente no hubiera triunfado como Carmelita
Rossanna, y muy inteligentemente tomó un nombre más comercial.
No he sido nunca un gran fan de esta guapa guitarrista, sus temas nunca me han atraído especialmente, pero me
supo mal que perdiera la batalla de las rubias ante nuestra querida Doro, a principios de los 90. Hasta finales
de los 80 pocas rubias rockeras había en este mundillo, y la mayoría de los ojos masculinos estaban sobre Lita
Ford. Pero aparecieron Warlock con una rubia enfundada en cuero, y las miradas se giraron de golpe (se dieron
casos de cuellos rotos, tortícolis incurables, ojos colgando habiendo saltado de sus órbitas, etc…). Lita Ford
decidió seguir con su rock, y como mucho, en las fotos de promoción se nos mostraba en tejanos ajustados. Pero
el metal es un mundo mayoritariamente masculino, y Doro triunfó, mientras Lita Ford caía en el olvido.
Ahora, 15 años después de su último disco de estudio (una cifra que se lleva bastante para reaparecer), tenemos
nuevo disco de Lita Ford, que parece querer recuperar el tiempo perdido, ya que se salta los 4 o 5 discos que
llevaron a sus colegas de escenario, Ozzy y Alice Cooper a evolucionar en los 90 hacia una música más pesada y
con un trasfondo casi industrial, y nos ofrece directamente eso.
Podéis olvidar el rock y esa imagen de la guitarra acústica, esto es más oscuro y pesado, aunque como pasó a
Alice Cooper y a Ozzy, cuesta digerirlo a una primera escucha, y si ellos tardaron 4-5 discos en dominar el
cambio y hacer buenos discos, Lita Ford no es mejor que esos dos genios (tarados, pero genios), y a parte del
track que abre este disco, el resto de canciones se nos hacen bastante monótonas y faltadas de intensidad.
Nos alegramos de la vuelta de esta rubia, nos alegramos que no intente vender por lo que era o hacía, pero le
falta acabar de pulir los detalles finales.
Lluís
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