Al pensar en Florida lo primero
que se te pasa por la cabeza son los clubes latinos, los Ferrari
de Miami Vice y los caimanes que la gente ha tirado por el
inodoro y que, a día de hoy, deben formar ya toda una
subcomunidad mutante en el alcantarillado. Pero lo que a uno
no le sobreviene, al menos en primera instancia, es la enorme
producción metálica, sobre todo extrema, que
tiene su cuna en estas tierras. Lo que todavía es más
difícil de casar es a todos los grupos allí
surgidos, de los que no creo necesario dar nombres por su
contrastada magnitud, con la imagen que se nos da de este
estado norteamericano.
Así, luchando contra latinos, Ferraris y caimanes mutantes,
surge el nuevo trabajo de Monstrosity, siguiendo su habitual
línea de descargas de Death Metal sin contemplaciones.
Mantiene íntegro e inalterado el espíritu que
mueve buena parte de los grupos de Death Metal de escuela
norteamericana, lo que supone la apuesta por una visión
clásica del género, conservadora e incluso inmovilista,
que antepone la evolución dentro de sí misma
(manteniéndose atractiva para aquellos que ya siguen
su estela) a la progresión dentro del conjunto de la
escena extrema de todo el globo (cerrando las puertas a demasiados
neófitos). Monstrosity se sitúan, pues, en este
marco, siguiendo la mejora constante respecto a sus anteriores
trabajos y continuamente dando solidez y calidad a su proyecto,
pero dejando claro que no pretenden ir más allá.
Ivan Sàez
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