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de la madrugada. Me despierto de golpe de una horrible pesadilla
donde yo era el héroe de las canciones de Rhapsody
y venía de matar a un pobre dragón que no me
había hecho nada. Así pues, para restablecerme
del sudor frío, me preparé un Ruso Blanco (crema
de leche, licor de café y vodka), encendí un
cigarro y puse en marcha la música con este "Inferno".
Primero me pareció gloria (si comparamos con lo que
sonaba mientras le arrancaba el corazón al dragón,
está claro). Pero luego, con el paso de las canciones,
los sorbos al tentempié y las caladas al cigarrillo,
tuve un deja-vu múltiple, tanto por mis hábitos
al despertarme, como por la música que sonaba.
Blues y rock'n'roll distorsionado, con melodías que
creo que ya las he oído mil veces en Motörhead,
menos una, el riff de "Killers", que se lo he oído
durante 25 años a Judas Priest en su "Breaking
the Law".
Al final me acabé durmiendo de aburrimiento, a la mañana
siguiente lo volví a escuchar para contrastar con serenidad,
y aunque reconozco que Lemmy y los suyos cada vez meten más
caña, llegué tarde al trabajo porque me dormí
de nuevo.
Lluís
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