Si echáramos la mirada atrás y recapituláramos toda la información musical de Nightwish desde sus
inicios allá en el año 1997 nos daríamos cuenta que hemos visto nacer y crecer una banda como si fuera nuestra propia
hermana pequeña. Nightwish es una de esas bandas a la que le coges cariño por haberla descubierto ya desde sus inicios, y
de la que te has enamorado no solamente por la belleza (física y vocal) de su frontwoman, Tarja Turunen, sino por los
resultados discográficos y la evolución musical que han logrado concebir. También es cierto que ha habido algún momento en el
que parecía que se veía estancada dicha evolución, pero no por eso su música dejaba de perder belleza.
Ahora, con la marcha de esa mujer, con la marcha de una diva del Heavy Metal, Nightwish han puesto punto y final a una
era y la llegada de la también bella señorita Anette Blyckert, empieza un nuevo periodo para la banda finesa, y el
pistoletazo de salida lo dan con “Dark Passion Play”. El resultado es nuevamente un conjunto de canciones cargadas de
dulzura, hermosura y divinidad, mezclado con potencia, fortaleza y una firmeza musical ya consolidada en la banda y que
parece que no se ve afectada con el paso de los años, aunque si bien es cierto, en algunos momentos da la sensación que
estés escuchando esa banda no metalera llamada The Corrs.
Me he reservado para el final a Anette, que pasará a ser el centro de atención de Nightwish. Anette tiene una tarea
complicadísima para intentar suplantar a nuestra diva del metal y concluye su primera grabación con solvencia pero dejando
unos registros vocales más cercanos a Amy Lee de Evanescence que no a los de Tarja, hecho que sitúa en un lugar vulnerable
el rumbo musical que pueda tomar a partir de ahora la banda de Tuomas. Dejemos pues que el tiempo hable por sí solo mientras
escuchamos con algo de melancolía el primer trabajo de la nueva era de Nightwish. No es lo que siempre hemos soñado pero
peor es morir aplastado por una vaca en medio de la playa.
Sergi
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