Hace ya unos años tuve una paranoia mental, un tanto
rara, que consistía en creer que todo estaba lleno
de centros de crionización. Dicha flipadura me duró
un tiempo considerable, hasta que vi que no era muy normal,
y mucho menos racional, pensar que la panadera de tu barrio
tenía una rebotica llena de neveras con las cabezas
congeladas de unos cuantos ricachones burgueses. A todo eso,
siempre se ha dicho que las cosas congeladas conservan bien
sus propiedades, pero no sé si eso sería aplicable
a las personas (o más bien los despojos físicos
de las mismas) que han sido crionizadas. Por ejemplo, Walt
Disney se sentiría profundamente desorientado si se
le descongelara ahora mismo, pues las cosas serían
tan distintas de cómo eran cuando el papá de
Mickey y Minney cautivó los corazones de pequeños
y no tan pequeños. Igualmente les pasa a los norteamericanos
Obituary. Han estado congelados, como ellos mismos reconocen,
durante mucho tiempo, y en cuanto se les ha sacado del metálico
refrigerador nos han demostrado que eso de la crionización
musical no funciona, que no te puedes despertar tantos años
después y seguir pensando que la gente quiere escuchar
lo mismo que hace quince años. Hay tantos regresos
prescindibles
Ivan Sáez
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