No soy un patriota, eso no está hecho para mí.
Pero creo poder entender cómo se siente alguien que
sea patriota, alguien que siente un vínculo tan fuerte
con algo que, a pesar de ser abstracto, intangible, significa
tanto. El patriotismo americano, extremadamente chovinista
e incluso arrogante, está en entredicho desde hace
ya mucho tiempo y la política llevada a cabo por el
presidente Bush es la demostración fehaciente que lo
constata. Tantos somos los que la repugnamos. Tantos son los
que la repugnan desde su propia casa, porque, ¿quién
piensa que la del imperialismo hipócrita es la única
forma de patriotismo que existe en Estados Unidos? Yo no,
desde luego. Pones el nuevo disco de Pro-Pain en tu reproductor
y te das cuenta que, detrás de tanta política
oficial hay una política sumergida, que apuesta, no
sólo por el rechazo de aquella, sino por el levantamiento
popular explícito. No es menos patriótica que
la otra. Es menos visceral y más racional. La voz de
Pro-Pain no se levanta desde el corazón mismo del país
yanqui, desde la Gran Manzana, mirando hacia el resto del
mundo, no. Se levanta hacia sus vecinos para decirles "Hate
marches on", "Operation blood for oil" o "Days
of shame".
Ivan Sáez
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