Lejos queda esa etapa de un proyecto de un teclista que por muy secundario que fuera, marcó
un antes y un después en el metal melódico. Thomas Ludolphy demostró que un vocalista no tenía
porqué chillar ni desgañitarse, tenía que cantar con sentimiento aunque tuviera una voz
rasgada, y Ferdy Doernberg le puso música a ese sentimiento.
Demasiado lejos quedan esos discos que los menos metidos en este mundo pasan de largo mientras
otros les tenemos especial aprecio. Y no queda lejos a nivel musical, ya que seguimos teniendo a una banda que
combina la experimentación con las grandes melodías. Seguimos viendo que después de terminar un tema, aunque les
gustara, han ido retocando detalle a detalle hasta convencerles completamente.
Pero ya no tienen a Thomas Ludolphy, y por lo que se ve nadie se ha atrevido a decirle a Ferdy que, como
vocalista es, simplemente, espantoso. Mira que llegan a haber malos vocalistas, pero incluso ellos consiguen
alguna melodía o salvar alguna balada en un disco mediocre…. Ferdy no…
A ver, es como el chiste del gato, es suyo y se lo folla cuando quiere. Si su disco es imposible de escuchar
no es culpa de nadie más que de sí mismo (bueno, y de que si él es malo, los otros son peores haciendo coros, pero
normalmente un buen vocalista lo grabaría todo él mismo).
Así pues, seguiremos apreciando el trabajo de Ferdy Doernberg en las otras bandas donde toca, puesto que
aquí, su nefasto trabajo vocal y la incompetencia para reconocerlo, nos es imposible de darle siquiera un
aprobado (ni en su imitación-tributo a Udo y al “Princess of the Dawn” de Accept en “Deadline” ).
Lluís
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