Han vuelto. Perdón, quería decir: ¡¡¡HAN VUELTO!!! Los seguidores del trío canadiense hemos tenido que esperar 6 años para volver a escuchar algo nuevo de Rush, una de las bandas que más ha influenciado el actual panorama metálico-progresivo internacional, y sin embargo, una de las formaciones más desconocidas en tierras hispánicas, además de abandonada por los medios. Seis años durante los que muchos de nosotros perdimos la esperanza de que el grupo se volviera a juntar, debido a la repentina muerte de la mujer y la hija de Neil Peart el mismo año; claro, que bajo tan terribles circunstancias, lo hubiésemos comprendido.
Con esta introducción, la mayoría estaréis pensando que esta crítica no va a ser objetiva. Pues os equivocáis. Al igual que su anterior disco en estudio me defraudó muchísimo, y así lo declaré a los cuatro vientos, en este caso me tengo que quitar el sombrero. Este disco suena fresco, aunque por supuesto, no le falta la marca característica de Peart & Co. Estamos presenciando el nacimiento de un nuevo Rush. Para aquellos que conozcáis la trayectoria de la banda, no os sonará a nuevo el hecho de que después de cada disco en directo, milimétricamente ubicados a lo largo de su historia, este grupo se reinventa a si mismo y sigue emocionando a nuevos y acérrimos seguidores. Esta nueva era parece estar más cerca de la última -ahora penúltima-, que va del "Presto" al "Test for Echo", pero con un toque más... melódico(?),que no se detecta hasta la quinta escucha o así, ya que lo primero que llama la atención de su nueva música es la contundencia con la que tocan, quizá intentando demostrar que aunque nacidos hace muchos años ya, no son, ni quieren ser, unos entrañables abuelos semi-metálicos, sino más bien tres pedazo de bestias que siguen sorprendiendo... No tenéis más que escuchar los 30 primeros segundos del disco para preguntaros si no habrán estado escuchando mucho a los primeros Napalm Death durante este periodo de silencio.
¿Canciones destacadas? Pues la primera, desde luego, por su contundencia. Ghost Rider, Vapor Trails, Secret Touch, con ese toque de bajo tan sugerente que se ha sacado Geddy Lee de la manga (hay que decir que su bajo destaca en todo el disco, incluso más que los tambores de Peart, y da a la música un ambiente muy reminiscente de Tool, aunque pueda parecer mentira)...
En definitiva, un regalo para aquellos de nosotros que llevábamos 6 años perdidos sin la música de estos genios. Eso sí, aviso: no es un disco fácil. Hay que dedicarle unas cuantas escuchas y bastante amor, pero al final, merece la pena.
Fausto
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