Es fantástico
encontrar un grupo que puedas identificar
con los tres primeros acordes de
cualquier canción y, por supuesto, con
la voz. Es fantástico encontrar un grupo
que no se parezca a nadie más que a sí
mismo sin repetirse ni reiterarse en sí
mismos. No es un disco al cual le
pondríamos un 10, pero sí al grupo.
Siguen estando
enmarcados como un grupo de Death Metal,
a pesar de que, desde el anterior álbum,
Frozen, la melodía ha adquirido una
importancia tal que nos cuesta aceptarlo,
a parte, la velocidad y la potencia han
ido decayendo desde aquel Down, cosa que
aún nos hace más difícil clasificarlos
como grupo de Death Metal, aunque tampoco
sabríamos donde más ponerlos, en todo
caso, merecen un nombre propio dado su
estilo particular e intransferible.
La oscuridad y
la melancolía afloran en todas y cada
una de las canciones, causado tanto por
el sonido y los ritmos que toman las
guitarras como por esta voz tan
particular de Ville Laihiala. De momento
disponemos de la copia de promoción, o
sea que no sabemos si cuando salga al
mercado saldrá también alguna edición
especial con versiones tan divertidas e
impresionantes como pasó en Frozen,
donde demostraron que no está reñida la
oscuridad y la melancolía con el buen
sentido del humor, especialmente con la
insuperable versión de The House of the
Rising Sun. En este Crimson, observamos
(a parte de su gusto por títulos de
disco monosílabos) que mantienen una
parte de este sentido del humor aunque en
su lado más negro, con temas como
Killing Me Killing You o a With
Bitterness and Joy.
Ciertamente no
habría estado de más un punto más de
potencia, pero entonces quizás el disco
no hubiera sido más que un Frozen II, y
de esta forma siguen la evolución que se
inició en el Frozen respecto del Down
con temas cada vez más trabajados pero
menos potentes, como los últimos discos
de Rage pero sin hacer unos saltos tan
salvajes.
No sabemos si
es la copia de promoción o alguna cosa
pasa con este compacto, ya que
habiéndolo probado en diversos
reproductores y ordenadores nos sale una
canción de más en el disco, la cual no
se puede reproducir de ninguna manera, y
la última canción oficial, My Slowing
Heart, tiene cinco minutos añadidos
donde no suena nada a parte de una corta
frase de difícil comprensión hacia la
mitad de estos cinco minutos, como vemos,
mantienen este toque de extravagancia que
siempre los ha caracterizado. Lluís Batlle
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