Denuncio al Paranoia Me(n)tal
Show y a todos sus integrantes (excepto a uno de satánica
compasión que se sabrá aludido cuando lea esto).
Y lo hago porque he visto la luz, como Caroline, y me he dado
cuenta de que en su intento, más o menos realizado,
de ser críticos y objetivos no han caído en
la cuenta del insostenible drama en el que han de vivir los
músicos mediocres de metal (o músicos de metal
mediocre). Veo a las familias que ya no les invitan a las
comilonas de Navidad. Veo a los amigos que ya no les llaman
para ir a ver la nueva de "El Señor de los Granillos".
Les veo en su profundo pozo que ellos mismos han cavado con
la pala de la insensatez.
Bien. Desprendida de mis adentros la dosis diaria de ironía
diré que nada tiene esto que ver con los griegos Shadows
Dance, pues éstos se desmarcan de la lacra de la música
de incierta calidad firmando un disco que tiene de todo, bien
proporcionado y bien repartido: elementos clásicos
(coros líricos y secciones de cuerda), una sólida
base gótica, cositas más extremas, voces guturales
y femeninas, detalles electrónicos y pasajes acústicos.
Enchufamos la minipimer a medio tiempo et voilà.
He empezado denunciando y acabaré haciéndolo,
pero ahora en serio. Sin querer desmerecer el esfuerzo realizado
por pequeñas discográficas, como esta, para
lanzar grupos, he de decir que me resulta indignante que haya
músicos famosillos, incluidos en la mediocridad metálica
de la que hablaba antes, que vean como buenas sumas de dinero
respaldan su música sobada, aburrida, predecible y
fría en forma de medios técnicos, humanos y
publicísticos. Mientras, mentes creativas y dispuestas
a aportar algo positivo a la escena se ven marginados al underground.
Y este es un caso tipológico.
Ivan Sàez
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