Se nos había
anunciado como el gran cambio de
Stratovarius, se nos había dicho y
repetido que no sólo iban a cambiar de
sello, sino que también darían un giro
a su carrera y estilo musicales.
Pues bien,
cuando el disco llegó a nuestras manos,
la hoja de promoción ya decía todo lo
contrario, que el Infinite estaba
concebido como la sucesión natural de
los anteriores discos de Stratovarius, y
cuando lo escuchamos les dimos toda la
razón. Y es que, habiendo creado una
escuela con bandas que les intentan
imitar y otras que intentan hacer buena
música en un estilo similar, con más o
menos acierto y/o calidad todas ellas,
¿quién se arriesga a hacer un cambio
que no guste a su público tan fiel y
éste desvíe su atención hacia esas
otras bandas que llevan a su estela?
Ciertamente el disco está muy currado
y técnicamente es impresionante, temazos
como el primer single del disco y tema
que lo abre Haunting High and Low
son difíciles de imitar, pero no nos ha
dejado aquél sabor de boca que nos
dejaban Timo Tolkki y los suyos años
atrás. Seguramente esto está provocado
porque su estilo ha sido tan imitado y
reiterado estos últimos años por otras
muchas bandas, que esperábamos que este
Infinite diera un paso hacia delante de
dimensiones considerables y dejara atrás
esas otras bandas. Pero no ha sido así,
temas como Glory of the World
podrían pertenecer al Visions o al
Destiny sin que contrastaran con los que
en esos discos aparecen. Eso significa
que no sólo no han avanzado tanto cómo
esperábamos, sino que se han quedado
ahí mismo haciendo más de lo mismo.
Cierto es que lo mismo es de
lo mejorcito del metal de nivel mundial,
pero.... Lluís Batlle
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