Este es el
primer trabajo de los venezolanos Stratuz
que llega a nuestras sucias y encallidas
manos (y no seáis malpensados/as con lo
de encallidas...).
The Last
Angel es el título que engloba los
ocho temas de este cd, que sumados a los
dos bonus tracks (procedentes,
posiblemente, de alguna grabación
anterior), hacen diez. Diez si no me
fallan las pocas matemáticas que me
enseñó la señorita Fitus y las menos
neuronas que se empeñan en subsistir
bajo mi torturada cabellera. Diez, que
son diez trallazos de buen Death Metal,
en que la base rítmica se descubre de
una solidez considerable y las guitarras
van haciendo de las suyas, a cortes más
rápidas y afiladas, a cortes más
pesadas y contundentes. Eso sí, con
algún toque melódico marcado por los
ambientes que de vez en cuando se marca
Franklin Berroterán a los teclados
(también responsable de las voces y del
buen registro conseguido con éstas) y
por las esporádicas apariciones que hace
una damisela que responde al nombre de
María Elena Ramírez metiendo su bella
voz por ahí. Linda e inocente vocecilla
se le tendría que llamar si la
comparásemos con la de Franklin, que
aunque regular, a veces se va por
derroteros más brutales.
Para ser un
disco autoproducido y autofinanciado al
100% no tiene mal sonido, pero de todos
modos mejorable, que es lo que suele
ocurrir en nueve de cada diez casos.
Algunos de los
temas están cantados en su lengua
vernácula (vernácula, no
cavernícola, animales!!!),
el castellano, mientras que otros lo
están en el idioma del país de los osos
Yogi y Bubu, aunque dudo mucho que
los amigos de Stratuz se dediquen a ir
por su localidad, Caracas, robando las
cestitas de la merienda al personal que
pase por ahí.
La temática
de sus letras no es especialmente
variada, aunque tampoco monótona, y se
decantan por la línea protestona hacia
algunos sectores de esta gorrina
sociedad, especialmente el eclesiástico,
pero desde un punto de vista más
intrínseco-personal, que en si es la
otra fuente de la que beben a la hora de
elaborar sus letras. Por cierto, de
éstas hay que decir que algunas se han
quedado fuera del tintero y no aparecen
en el libreto, suponemos que por falta de
pasta para meter más páginas. Han
mostrado unas dotes de humanidad tales al
no poner una letra más pequeña que
evitan que al leer las letras, pequeñas
y forzadas, le estallen a uno los
ojos en sangre, manchando así toda tu
ropa y ya sabéis cómo se ponen
luego las madres cuando tienen que
frotar...
Ya digo, buen
disco y bien ejecutado, no para subirse
por las paredes, pero si lo bastante como
para que te hagas con él si tienes la
ocasión. Ivan Sàez
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