CRITICAS DE CDS

Tartaros
Título The Red Jewel
Sello Necropolis Records

En cada campo artístico hay innovadores e imitadores, lobos y corderitos y joyas que surgen de entre montones de mediocridad.

Durante seis años, Charmand Grimloch (el grotesco loco responsable de Tartaros) ha estado forjando cierta fama de visionario del Black Metal. Es realmente un pionero en el campo del Black Metal atmosférico y psicodélico. En esta ocasión se ha adentrado en las desconocidas aguas de lo musical y ha regresado para aportar al género algo fresco.

 Tartaros nunca ha sido un grupo en el sentido tradicional de la palabra, sino que ha surgido dado a los creativos trabajos que el propio Charmand ha venido realizando de forma un tanto oscura. Así que nuestro hombre ha estado expresando sus extrañas experiencias musicales a través de una serie de grabaciones:  desde su primera demo “The Heritage of the Past” en 1993 hasta el presente “The Red Jewel”(1999, grabado en su propio estudio, SMI), pasando por el MCD “The Grand Psychotic Castle” de 1996, trabajo que le dio el pasaporte de entrada a Emperor, como teclista de gira.

Charmand Grimloch, con este “The Red Jewel”, nos demuestra tener un agudizado sentido para crear laberintos musicales de sonidos fantasmagóricos que conjuran extravagantes imágenes de terrible belleza y escalofriantes atmósferas, pero, ¿de qué nos sirven estas atmósferas cuando para diferenciar cada canción del resto te debes escuchar el disco infinidad de veces? Creo yo que de bien poco: las diferencias entre tema y tema son tan sutiles que sólo  con muchas escuchas puedes hacerte una idea de lo que se esconde detrás de cada canción que la haga distinta a las demás.

La aglomeración de los elementos  hacen que no haya ni un atisbo de vacío en el que descansar el oído y solamente una acertada distorsión de las guitarras hace que el virtuosismo de Grimloch a las teclas no se ahogue. Aparte de eso,  los constantes cambios de ritmo y estructura son tan propios de un genio como de una mente insana por completo.

Entra al castillo de Charmand por tu cuenta y riesgo... y quizás nunca salgas...

Ivan Sàez

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