Después de su intento de imitar a Metallica con su anterior disco, y de apuntarse
a la moda de 300, por fin tenemos algo de sensatez en esta banda y volvemos a terrenos
más “cores”, que básicamente es donde despuntaron y por lo que están en la discográfica
que están.
Se apuntan a la moda que hace poco ha aparecido en los USA y de la que ya teníamos una primera muestra
con el último disco de regrabaciones de Kiss: el poner el título en japonés y ale, espavílate a saber
cómo carajo se lee y qué leches significa.
A parte de eso y las letras centradas en mitología griega (totalmente lógico si consideramos
el título en japonés), volvemos a un metalcore del más melódico y accesible, aunque a su vez, bastante
maduro y bien trabajado.
Aunque no sea tan visceral como sus primeros discos, y no impacte tanto a una primera escucha, hay que
reconocerles un gran trabajo y un muy buen resultado, mejor hubiera sido si hubieran acortado algunos
temas (y es que hablamos de metalcore, no de nada que se parezca a Haggard o a Dream Theater), pero bueno,
tampoco es que se hagan largos, simplemente con menos hubiera quedado mejor.
Buena nota para la música de Trivium, para la sensatez de quien les dijo que imitando a Metallica no
iban por buen camino, y para los que fueron lo suficientemente humildes para aceptarlo.
Lluís
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